
Mi vecino entraba a mi casa cuando no estaba
Siempre pensé que el portero era un hombre amable. Don Arturo, 70 años, siempre con una sonrisa. Empecé a notar que mis cosas se movían: el cepillo de dientes estaba húmedo al llegar del trabajo, o la televisión estaba en un canal que nunca veo. Instalé una cámara oculta en un oso de peluche. Al revisar la grabación, vi a Don Arturo entrar con su llave maestra. No robaba nada. Se sentaba en mi sofá, se ponía mi bata de baño y se servía un cereal mientras hablaba con el aire como si yo estuviera allí. Lo más aterrador fue cuando se acercó a la cámara, me miró fijamente a los ojos a través del peluche y susurró: 'Bienvenida a casa, mi amor, hoy te ves cansada'. Eran las 10 de la mañana. Yo todavía no había llegado.
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