
El secreto de la casa de los espejos
Compré una antigua mansión victoriana. Lo raro era que cada habitación tenía al menos tres espejos gigantes. Una noche de tormenta, vi que uno de los espejos en el pasillo no reflejaba la lluvia afuera, sino un día soleado. Me acerqué y vi a una versión de mí misma, pero con ropa de hace cien años, agitando la mano con desesperación. Intentó decirme algo, pero no había sonido. En la pared detrás de ella, escrito con sangre, decía: 'No rompas el cristal'. Al día siguiente, el espejo se agrietó solo. Escuché un grito desgarrador que venía de dentro de la pared. Me di cuenta de que los espejos no eran decoraciones; eran prisiones. Y ahora que el cristal se rompió, algo de ese lado ha cruzado al mío. Me miro al espejo ahora y mi reflejo tiene una sonrisa que no es la mía.
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